El rojo comercial totalizó u$s10.000 M durante los primeros 3 años de la gestión Cambiemos

El superávit comercial de diciembre, publicado ayer por el Indec, está directamente relacionado con el dato de fuga de capitales, correspondiente al mismo mes, que publicó el lunes el BCRA. Mientras la fuga mostró resiliencia y duplicó los niveles de noviembre, las importaciones volvieron a registrar una caída extraordinaria, en línea con el escenario recesivo que generó la disparada de 110% del precio del dólar. Una le da lugar a la otra. La dinámica es conocida: la devaluación del tipo de cambio ahorra dólares vía contracción de las compras externas, junto con un buen repunte de las exportaciones, y hace temporalmente sostenibles a los altos niveles de fuga y pagos de deuda externa.

«Lo que queda claro es que este excedente de divisas no se usa en la producción ni en el disfrute potencial del consumo. Es para que algunos puedan fugar billetes y otros cobren la deuda», resaltó el economista Estanislao Malic.

Diciembre fue el mes más bajo en importaciones desde febrero de 2010. Desde aquella crisis, causada por la caída del gigante Lehman Brothers, no se registraba un nivel tan bajo. Efectivamente, en diciembre las importaciones cayeron por quinto mes consecutivo, lo hicieron en 27,1% interanual, y mostraron la profundidad de la recesión.

Las compras de maquinarias se contrajeron 30,2% en cantidades (es decir, dejando de lado el efecto precio), de la mano de una utilización de la capacidad instalada en niveles tan bajos que no se veían desde el 2002. Las de bienes de consumo lo hicieron en 29,1%. Los datos muestran que tanto la producción y la inversión, como el consumo, lucen deprimidos.

Y la expectativa es que la dinámica continúe así hacia adelante. Los analistas señalan repetidamente que durante el 2019 la fuga va a presionar, sobre todo por las incertidumbres que generan las elecciones en general, y el actual escenario polarizado en particular. Y el balance comercial irá de la mano, intentando hacer sostenible la dinámica por la vía de una actividad productiva planchada, una inversión en caída y una economía en general poco demandante.

Lo explicó Ecolatina ayer mismo a través de un informe: «Durante el comienzo de 2019 la dinámica sería bastante más similar a la del último trimestre del 2018. Las exportaciones crecerían en torno a 7% y las importaciones retrocederían alrededor de 10% en el acumulado anual, registrando un superávit cercano a u$s7.000 millones. Las presiones cambiarias que traerían las elecciones impulsarían al tipo de cambio y, con él, a la inflación. Este combo negativo para el poder adquisitivo podría golpear aún más a las compras externas a la par que apuntalaría la competitividad cambiaria y posicionaría a las exportaciones como una salida contracíclica. En consecuencia, lo que sería un escenario pesimista para el resto de las variables, actuaría de manera favorable en el frente externo».

Esa mejora en el balance comercial deja entrever un dato: en 2017-2018 hubo dos rojos consecutivos y eso no ocurría desde 1998-1999. La dinámica del primer semestre, con dólar atrasado y apertura comercial, combo letal si los hay, más el efecto de la sequía, generó un impacto decisivo.

 

Fuente: Diario BAE