No se desconcierte con la crisis de Argentina

Lo que es difícil de imaginar en los buenos tiempos puede volverse inevitable rápidamente

El colapso de la moneda argentina subraya dos hechos sobre las finanzas globales que son bien entendidos pero que se olvidan con demasiada facilidad. En primer lugar, el esfuerzo por normalizar la política monetaria estadounidense después de una década de estímulo monetario extraordinario ha puesto a muchas otras economías, especialmente las que están en riesgo por razones internas, bajo una mayor presión financiera. En segundo lugar, una vez que se inicia una crisis de confianza, puede ser imposible controlarla.

Pocos dirían que el reciente endurecimiento monetario en los EE. UU. ha sido apresurado. Con la economía en pleno empleo y creciendo bien (más del 4 por ciento en términos anuales en el segundo trimestre), las tasas de interés se mantienen bajas y el balance del banco central todavía está repleto de bonos comprados bajo el enorme programa de compra de bonos de la Fed. Aun así, un ajuste suave ha elevado el dólar, dificultando que países como Argentina vendan o paguen deuda denominada en dólares.

Combine eso con la vulnerabilidad subyacente, los errores de juicio y la incertidumbre política, y el escenario está listo para una crisis económica auto-reforzada.

En Argentina, el ciclo puede parecer desconcertante. Un gobierno favorable a las empresas había llegado a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, aseguró una financiación oficial aparentemente adecuada (la mayor línea de crédito en la historia del fondo) y adoptó un programa de responsabilidad fiscal. Una corrección del curso había sido necesaria, y estaba en marcha.

Pero fue en vano. La presión a la baja sobre el peso impulsó la inflación y sembró dudas sobre la posición financiera del país, lo que generó dudas sobre la necesidad de mayor austeridad fiscal y, a su vez, amenazó la derrota del gobierno del presidente Mauricio Macri en las elecciones del año próximo. Esas dudas ejercen una mayor presión a la baja sobre el peso, lo que refuerza el ciclo de colapso de la confianza.

La respuesta del gobierno el jueves fue elevar las tasas de interés al 60 por ciento. Lejos de detener el ciclo, esto lo alimentó.

Como siempre, es fácil ser sabio después del evento, mientras que la sabiduría antes del evento es aparentemente imposible. Pero, no obstante, vale la pena enfatizar la lección. La sostenibilidad financiera necesita ser probada no en contra de un caso central de negocios como de costumbre, sino contra un círculo vicioso de estrés creciente y confianza que colapsa. La estabilidad exige un grado de sobriedad financiera, especialmente cuando se trata de préstamos en moneda extranjera, que puede parecer excesiva e incluso absurdamente cautelosa en los buenos tiempos.

Las tribulaciones de Argentina, especialmente si expanden el pánico entre las economías de mercados emergentes, cuestionarán hasta qué punto la Fed debería evaluar las condiciones en otros países mientras trata de controlar la demanda en EE. UU., sobre la arquitectura financiera internacional y el lugar del FMI en ella , y sobre el papel apropiado del dólar en las finanzas internacionales. Esas son todas buenas preguntas, pero incluso las respuestas más inteligentes no serán tan útiles como recordar que la confianza financiera es siempre más frágil de lo que parece y que los peores escenarios tienen el hábito exasperante de hacerse realidad.

Editorial publicada hoy 31 de agosto de 2018 en Bloomberg