Rosario registra 90 homicidios y preocupa el poder de fuego narco

En la fiscalía general rosarina se considera que hay más víctimas en cada ataque por la utilización de ametralladoras en los ajustes de cuentas vinculados con la lucha por el control de la venta de cocaína

Preocupa en esta ciudad el incremento de uso de armas de guerra en los crímenes ejecutados por sicarios. Los soldaditos que cumplen órdenes de matar a un rival usan pistolas 9 milímetros, muchas de ellas con cargadores de 30 proyectiles y que permiten el disparo en ráfaga, y ametralladoras. Según un relevamiento del Ministerio Público de la Acusación, en el 86% de los 90 homicidios registrados este año se usaron armas de fuego, un porcentaje que está muy por arriba de la media nacional (60%), o de una ciudad como Córdoba, similar en cantidad de población con Rosario, donde en el 63% de los asesinatos se usó un arma de fuego.

“Hay un acceso cada vez mayor a las armas de grueso calibre, y eso causa una preocupación especial”, aseguró el fiscal Florentino Malaponte en diálogo con LA NACION.

En lo que va de 2018 se produjeron 90 homicidios en Rosario, una estadística que rompió la tendencia del año pasado, cuando los asesinatos descendieron un 25% con relación a 2016.

Juan Sánchez, secretario de la Fiscalía General de Rosario, quien se encarga de realizar análisis criminal en ese organismo, sostuvo que “el crecimiento del uso de armas de fuego se traduce en que en varios casos hay más de una víctima en un solo hecho”.

En ese organismo comenzaron a registrar en coordinación con el Ministerio de Seguridad de Santa Fe los llamados al 911 en el que se denuncian tiroteos. Es que para el análisis criminal no solo puede tomarse como parámetro la cantidad de homicidios, ya que en muchos casos las víctimas reciben heridas de arma de fuego, pero se salvan por la atención médica o por la suerte de no recibir el balazo en un órgano vital, circunstancia que de todas maneras debe quedar registrada para obtener un completo panorama de la situación criminal.

Otro dato -según el funcionario del Ministerio Público- es que “se nota que hay una planificación en los homicidios. El 50 % de los hechos son cometidos con el apoyo de vehículos. Del total de esos homicidios, la mitad de los ataques se concretaron desde motocicletas y la otra mitad desde automóviles”. En cuanto a las víctimas, la muerte atrapa a los más jóvenes. “El 75% de las víctimas no llega a los 35 años”, según las estadísticas.

Las ráfagas de disparos con ametralladoras o pistolas con cargadores de 30 proyectiles se empezaron a utilizar con mayor frecuencia en crímenes por encargo. Malaponte consideró que “este tipo de armas de guerra se ve en asesinatos que tienen relación con el narcotráfico”.

El 19 de abril pasado fue asesinado con una ráfaga de disparos 9 milímetros Cristian Reynoso, de 37 años, un hombre que era íntimo amigo de Claudio Cantero, alias Pájaro, el líder fallecido de Los Monos. En ese hecho que se produjo en Dinamarca al 500 bis fue herida de gravedad una mujer y un niño de ocho años. La Policía de Investigaciones (PDI) recolectó 40 vainas en la calle.

Y se usaron armas de fuego en seis de los siete crímenes que se produjeron en Rosario esta semana. El lunes pasado Cristian Pietrapertosa, de 22 años, murió de un disparo en el cráneo. Lo ejecutaron en Juan Canals y Santiago dos hombres en moto. Ese día murió por un tiro en la cabeza Maximiliano Isapi, de 18. Durante esa madrugada hubo cinco ataques de sicarios en moto, que dejaron cuatro heridos.

Cada vez que paraba de llover los sicarios salían a la calle a matar. La faena de esta semana en Rosario fue de siete crímenes en cinco días, pero con algo llamativo: cuatro asesinatos se produjeron el miércoles en un lapso de cinco horas. Fue el momento en que el clima lluvioso dio una tregua.

Eso tiene una explicación, según el fiscal Florentino Malaponte, a cargo de la investigación de estos hechos, para matar los sicarios “necesitan que sus víctimas estén en la calle”. En esa ventana de pocas horas, en que el clima mejoró un poco, se produjeron cuatro homicidios con sicarios, con la misma metodología: jóvenes armados en moto que pasan, disparan y huyen. Todos los casos, según reconocen los investigadores, están vinculados a la venta de drogas, a peleas entre bandas, muchas de ellas barriales.

Ofensiva de sicarios

Mario Sosa fue asesinado de múltiples disparos en Felipe Moré y Pasco, cerca de un búnker de drogas. Fue ejecutado por dos jóvenes en moto. Darío Leguizamon, de 38, fue ultimado por un grupo de hombres armados que irrumpió en su vivienda y lo acribilló delante de su esposa. Minutos después fue asesinado por sicarios Gabriel López, de 20, y un niño resultó herido. Alexis Pereyra, de 22 años, murió de un disparo en el pecho, luego de que un grupo de jóvenes en moto disparara ráfagas de ametralladora en Rueda al 5300. El muchacho estaba dentro de su casa y un disparo rebotó en un ropero y se incrustó en su tórax. Nada tenía que ver de la trama narcocriminal. El viernes Héctor Prieto de 76 años murió en un intento de robo.

Este panorama de extrema violencia se repite tras el juicio contra los jefes de Los Monos que terminó el 9 de abril pasado con fuertes condenas para Ariel Máximo Cantero, alias Guille, sentenciado a 22 años de prisión, y Ramón Machuca, alias Monchi, a 31.

Se sospecha que en la pelea territorial Los Monos buscaron aliados como la banda de Los Caminos, ligada históricamente a la barra brava de Newell’s, para evitar que grupos rivales, como Los Funes y Ungaro, se queden con el territorio del sur rosarino donde los Cantero pusieron en práctica hace más de una década su plan de negocios, que apuntaba a la venta de una cocaína adaptada al mercado popular, a bajo precio, a través de una red de búnkeres que funcionaban como un maxikiosco, abierto las 24 horas.

 

Fuente:  Germán de los Santos / La Nación