Se viene un ajuste feroz

«Para hacer cumplir las mentiras del presente,

es necesario borrar las verdades del pasado»

George Orwell

EDITORIAL

Como condición del otorgamiento del «stand by» por 50.000 millones de dólares, el Fondo Monetario Internacional le exigió al gobierno de Macri un dólar flotante y  un ajuste fiscal sin precedentes

El quid de la cuestión es saber si la sociedad estará dispuesta a soportarlo, o mejor dicho, si lo podrá soportar. Despidos en masa en la administración pública, recortes a jubilados y pensionados, congelamiento de los salarios docentes y del personal de seguridad y FFAA, son algunos de los «recortes» que deberá intentar realizar el presidente Mauricio Macri.

La última vez que algo así se realizó, el presidente De la Rúa abandonó el poder desde la azotea de la Casa Rosada, en helicóptero y con casi 40 muertos en su haber. Fue el fatídico estallido social de 2001. Todo un símbolo de cómo terminan los ajustes de los gobiernos neoliberales que siguen a pie juntillas las recetas del FMI, que por otra parte, nunca han dado resultados en las últimas  décadas.

El gobierno de Macri tomó deuda por casi 200 mil millones de dólares en menos de 30 meses: recórd en la historia argentina y probablemente en la historia  moderna de occidente.

Todo un detalle…

Argentina se debate entre el estallido y la rebelión fiscal, impositiva y tarifaria de sus ciudadanos. Nada bueno se ve en el horizonte. La luz al final del túnel que decía ver la vicepresidenta, parece ser más la de un lanzallamas que la de un amanecer.

Las cartas ya están sobre la mesa. El 14 J se anuncia un paro general. La CGT, que ya se ganó el mote de Confederación General de Traidores viene negociando por lo bajo con el macrismo desde hace largos dos años. Le temen a los carpetazos y entregan a un «genocidio por goteo» a las bases; un ejército de despedidos, cuentapropistas y nuevos «monotributistas», pilotos de drones y cerveceros artesanales… Pero la olla está en ebullición. Las dos CTA (Micheli y Yasky) sumadas a Camioneros, de la mano de  Moyano y algunos cegetistas con algo de dignidad y espíritu de lucha -léase Palazzo de Bancarios entre otros- dijeron basta.

Son momentos de definiciones. Ahora la verdad está en las calles y en el buen o mal humor social. El discurso de los medios de comunicación que defienden el estado actual del rumbo político puede influir, pero cuando el argentino de carne y hueso abre la heladera, se acaban los eufemismos y las maniobras de distracción. Como canta José Larralde: «el hambre duele por hambre pero más duele por triste…»

Y cómo recita el Catalán, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio…